¿QUE DEL SEGUNDO CONCILIO VATICANO?

Reflexión oportuna sobre el Vaticano II de Una Voce Miami

CONCILIO VATICANO II: ¿UN PUENTE QUE UNE O UNA CUÑA QUE DIVIDE?

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COMO CATÓLICOS fieles al Magisterio de la Iglesia, deseando fortalecer nuestros lazos de unidad, amor y respeto entre hermanos, compartimos fraternalmente esta reflexión honesta e imparcial sobre el Concilio Vaticano II.

1. Por voluntad expresa de sus organizadores y su definición propia, el Vaticano II es un concilio pastoral, no dogmático. Como tal, no definió ninguna cuestión de fe o de verdad revelada; más bien, introdujo novedades, ofreció sugerencias e hizo interpretaciones y suposiciones que lo congracian con su tiempo.

2. El Concilio provocó en su seno un acalorado debate, intensa controversia y serias objeciones, no pocas de las cuales son universalmente reconocidas como doctrinalmente válidas y teológicamente bien fundadas. Evadió por completo la cuestión de la consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María, como lo solicitó específicamente la Madre de Dios en Fátima, Portugal, en 1917. Y, para alarma de muchos, el Vaticano II también se negó a condenar el genocidio nazi durante el Tercer Reich, o incluso denunciar la feroz persecución comunista contra la Iglesia, la horrible opresión marxista de la humanidad y otros males terribles que infligen inmenso sufrimiento al mundo.

3. Reconocidos exegetas, prelados y teólogos católicos, hombres de probada fidelidad y devoción a la Iglesia, han objetado a los textos del Concilio que creen que rompen con la tradición católica y socavan la misión divina de la Iglesia. Hoy, más de medio siglo después, un número inmenso de terribles apostasías, disputas amargas, batallas legales y escándalos públicos atroces continúan dolorosamente atormentando y plagando a la Iglesia en todo el mundo, exactamente como advirtieron muchos católicos sabios y fieles.

4. Negar, ignorar o minimizar estos desacuerdos y objeciones no resueltas, o peor aún, atacar o silenciar a aquellos con el coraje, la honestidad y la integridad para expresarlos; lejos de curar las heridas solo las profundiza; lejos de resolver el conflicto solo lo empeora; incitando mayor resentimiento, animosidad y guerra; convirtiendo a la Iglesia de Cristo en un sangriento campo de batalla y motivo vergonzoso de escándalo ante el mundo.

5. Ni el Vaticano II, ni el Catecismo de la Iglesia Católica de Juan Pablo II, enseñan que las suposiciones, opiniones o novedades del Vaticano II son dogmas o artículos de fe. Por ende, imponer dogmáticamente el Concilio; erigiéndolo como una barrera que divide o un muro que separa a los católicos que, precisamente por su fidelidad al Magisterio perenne de la Iglesia, en conciencia, no pueden aceptar la agenda y las opiniones del Concilio, es una injusticia grave que no solo viola la letra y el espíritu del Vaticano II, sino ofende profundamente todo lo que se supone que el Vaticano II representa: la aceptación de la diversidad, la tolerancia de los demás, la llamada “libertad religiosa”, el respeto a la conciencia y los tan cacareados “derechos humanos”.

6. Hay quienes no ven en los textos del Vaticano II ambigüedades y desviaciones doctrinales que subvierten y / o contradicen el Magisterio y la Tradición de la Iglesia. Pero hay quienes, en conciencia y fidelidad a Cristo, sí lo ven. Conscientes de las preocupaciones legítimas y de las opiniones divergentes entre católicos de buena fe, en Una Voce Miami optamos por cumplir nuestra obligación ordenada por Cristo de amar, comprender y respetar a todos nuestros hermanos por igual, sin excluir, rechazar o discriminar a un hermano por su apoyo, oposición o neutralidad al Vaticano II.

7. Si bien reconocemos que muchos de los textos del Consejo tratan asuntos esenciales para la unidad de la Iglesia, reafirmamos el sabio axioma del gran San Agustín de Hipona que debe guiarnos siempre: “En lo esencial, unidad; en lo no esencial, la libertad; en todas las cosas, caridad”. Por ende, en fidelidad al pensar y el sentir del magisterio perenne de la Iglesia, y en respeto pleno al Vaticano II, nos oponemos a que cualquier lado imponga el Concilio Vaticano II como un “super dogma” o que lo use como un pretexto para intimidar, discriminar, perseguir o crear discordia o división entre los católicos fieles al Magisterio y la Tradición de la Iglesia.

Recuerda: los católicos verdaderos nunca usan el Vaticano II como un pretexto para intimidar, como un arma para atacar, o como una cuña para dividir a la Iglesia. Unámonos todos para decir: ¡”No” a la intimidación, “No” a la división, “No” a la discordia!


Ad Maiorem Dei Gloriam!


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